Camino hacia el metro. La calle
larga, recta y ligeramente empinada está a oscuras. No así los edificios que la
envuelven, pero su luz no es suficiente. Camino pues, en la penumbra, fijando
la vista en el suelo, y mi preocupación más inmediata es no pisar un excremento
de perro y llegar llena de mierda a mi cita. Pienso que tal vez si piso una
mierda resbale y caiga al suelo, me golpee la cabeza y muera más tarde por un
trombo, sin que nadie sepa de mi ridículo accidente. Pienso en esos dueños poco
cívicos de canes, de los que en mi ciudad abundan, impunes a las multas y a las
reprobaciones de las viejas, homicidas imprudentes en potencia amparados en
este injustificable apagón. Pienso que quizá sea un boquete en el suelo el que
provoque mi fatídica caída. El Ayuntamiento, con su máximo representante el Alcalde,
ni se despeinará si algún día improbable sabe de mi muerte.
Alerta ya, reparo en las bocas de
los garajes que he dejado atrás de esta calle conocida, y en las venideras:
quizá, un coche aparezca de una de esas bocas y me arrolle. Un coche anónimo,
sin personalidad ni persona que lo conduzca; autómata, que olvide poner las
luces o pitar tímidamente, y así me arrolle lenta y suavemente. Un objeto
inanimado que provoque esa caída fortuita, inesperada, un golpe en el lóbulo
lateral izquierdo, que hará que me levante con
fastidio y llegue indignada y sorprendida a mi cita. Y será allí donde
me dé cuenta de que no puedo hablar correctamente, diré colisión y de mi boca saldrá
centrifugadora. Me asustaré, se asustará, y caeré consecuencia de EL trombo y así
me convertiré en su muerta, ipso facto.
Hace viento, tal vez sea una
maceta de una ventana que sí tiene luz la que caiga sobre mi cabeza. Y yo,
incapaz de adelantarme físicamente a tal acontecimiento seré fulminada por una
muerte absurda. ¡Seré la misma muerte absurda!
Jamás llegaré a mi cita, jamás
sabrán en qué pensaba los minutos, segundos, instantes antes del hecho. Jamás
sabrán que lo vi venir. Jamás llegaré a mi cita, a la que a pesar de todo estoy
llegando.
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